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viernes, 21 de junio de 2013

Adié


Delia, me he bebido todas tus botellas de vino, he leído todos tus libros y me he fumado todas las cajetillas que tenías escondidas en tu habitación, buscando huir, buscando alguna distracción, he intentado dormir en todos los metros cuadrados de este bloque que se adosa sobre otro bloque que a su vez lo hace sobre otro, y así, sí, esto que tu llamas hogar, quien imaginaria que esto, paradisiaco en sueños los días antes de yo llegar, un apartamento en Tours, con vista al rio Loire, sería el escenario de esto, tan trágico, tan tétrico, tan horroroso.

Delia, el día que yo llegue, antes de leer la nota que me dejaste en la puerta, mientras subía por las escaleras, como siempre distraído, bajaba una señora, mayor, con el cabello blanco, con facciones esqueléticas y vestida de negro, apoyándose de la baranda para no caer quizás; cuando pase por su lado, sentí como si me abrieran el estómago y lo rellenaran con clavos al rojo vivo, esta señora, cuyo nombre ignoraba exclamo: “el que sube las escaleras como distraído se parte la frente al caer por no conseguir donde apoyarse, nadie quiere morir así. Rodando por las escaleras” y siguió, como si nada. Seguí yo, subiendo, ahora alerta y mirando atrás, no vaya a ser que esta vieja loca se le ocurriera ir detrás de mí, esperando el momento para enterrarme un cuchillo en la nuca. Llegue al piso, revise las indicaciones que me diste para llegar por si dormías, busque el apartamento y revise tu nota, “Las llaves están el matero, enterradas cerca del punto azul” tú, como siempre dejando pistas para todo. “no mires a la señora Yuliana, es esa vieja que siempre va de negro con un botón blanco en el sombrero, está loca, ignora todo lo que diga, yo me voy por unos días a Paris, a visitar a un amigo que encerraron por error (según él) en La Santé, ya sabes, darle apoyo emocional y llevarle un par de dulces avec de la liqueur, regreso pronto” busque las llaves con inmenso cuidado, no vaya a ser que desenterrándolas un bicho me pique, las tome, abrí la puerta, entre y deje mis cosas en la sala, admirando los cuadros de arte seguramente comprados en algún mercado de pulgas y oyendo las agazapadas notas de música minimalista que entraban por no sé qué agujero, quizás por la brecha entre las ventanas o la ratonera de la puerta para salir al balcón, por el que me asome apresuradamente para poder ver más cómodamente todo el paisaje a mi alrededor, pero cuando salgo, siento una mirada, penetrante que no me dejaba conseguir una posición cómoda en la cual encender el primer cigarrillo y maravillarme con las notas de Yann Tiersen que sonaban en un bar bohemio que creo yo vagamente pude distinguir cerca de aquí. Era Yuliana, con una mirada de hiena como si yo fuera carroña, pude haber quemado los hilos que hicieron el ambiente más denso si así lo hubiese querido, no sé de dónde venía tanto odio, porque Delia, se notaba que me odiaba, y me propuse a retarla en una interminable competencia de miradas que duro no sé cuánto tiempo, hasta que paso alguien más y ella se fue detrás, como queriendo apuñalar a esa desafortunada jovencita; espere a calmarme (quede sumamente nervioso) y decidí salir a recorrer un poco las calles, y entrar a ese bar bohemio del que provenía la música, salí y solo deje que me guiara mi torpeza cromosómica, llegue a una cueva donde tropecé, la torpeza es la peor guía, Delia, me acerque al bar “le trou dans la grotte” me senté y bebí un poco de vino hecho localmente, solo para comprobar la buena fama que tiene el vino de Tours, me acerque a una hermosa mujer, que para mí fortuna hablaba español, una venezolana, Valentina, con la que filosofe y bebí durante horas, sin darme cuenta que ya el sol no acariciaba esta parte del planeta, y que la luz que veía afuera eran las lámparas amarillas, eso quizás explicaba el cambio de ambiente, la musicalización, los temas de conversación que vagamente alcanzaba a oír entre el balbuceo de los bohemios, mire el reloj y por amor a todo lo inaceptable, no solo había oscurecido, eran las dos de la madrugada, quede en volver a verme con Valentina al siguiente día en la Cathédrale de Saint-Gaciano, fui al apartamento con una sensación terrible recorriendo mi espalda, subí, entre, fume el ultimo cigarro mientras bebía la última copa de vino, mientras sonaba la última canción del día en el radiesito pequeño que hay en tu sala, me quite los zapatos y me fui a dormir al sofá, soñé algo, que pensé por unos días no era más que delirio de cansancio, un asesino con una pupila dilatada, solo una.

Desperté tarde, a las 10, me serví una copa de vino y comí un poco de fougasse de queso y aceitunas. Salí deprisa, pues la bellísima Valentina no podía esperar, sería una ofensa, salí, fui y me conseguí con ella, fue mi guía turística, comimos de a poco en varios lugares, bebimos de a una copa en varios bares y así fue durante unos días, hasta hace un par de noches, que entramos a le trou, como siempre distraídos, tropezándonos con todos mientras hablábamos y fumábamos y bebíamos y cantábamos, sentí de nuevo esa mirada, de lejos, allí estaba ella, Yuliana, viéndonos, mientras bebía un líquido de color extraño, como brea de un pequeño vaso, tome a Valentina de la mano y la saque corriendo como previendo algún percance y pare un taxi para que se fuera a su casa y el taxista, el taxista Delia, tenía una pupila dilatada y la otra, la otra no sé, no alcance a verla, y volvió el pánico, ese nudo en la garganta como quien se acaba de despertar de una pesadilla, cerré la puerta, le pedí que me avisara cuando llegase a donde se hospedaba, espere a que el taxista arrancara y entre de nuevo a ver si es que la vieja trastornada esta seguía dentro y si, ahí estaba, viéndome, compre una cajetilla de cigarrillos o seis, y empecé a caminar sintiendo que me perseguían, volteaba pero no había nadie, subiendo por las escaleras del edificio cayó de arriba una nota y sonó una puerta, la nota, ay la nota, advirtiendo que alguien quería verme, que bajara corriendo, con una linterna a la parte de atrás del edificio, con cinismo firmada al final “Con cariño, Adié, subí por un cuchillo y baje, despacio y viendo todo, incluyendo las baldosas del suelo, no vaya a ser que una se rompa y me lastime una pierna o peor, que caiga en una trampa, no sé, la paranoia no me dejaba pensar, llegue a la parte de atrás y no había nada más que otra nota, “excelente, ahora ve a dormir a tu cama, será una semana pesada. Con cariño Adié”, el muy maldito o maldita, me hizo bajar para nada, solo por molestar, empecé a creer que era alguna broma de algún pobre diablo sin oficio que habitaba en alguno de los bloques.

Entre al apartamento, tome una ducha y me fui a la cama, esta vez la del cuarto de huéspedes que tiene una tenebrosa ventana gigante justo al frente, tenebrosa porque no hay manera de esquivar los rayos del sol en la mañana y te obliga a despertar, casi como un castigo por quedarse a dormir en ese cuarto, que bien pudiese ser llamado el cuarto de torturas, y a media madrugada, como a las dos y media escuche unos golpecitos en la ventana, me asome por una brecha debajo de la sabana y creo, solo creo que vi, ahí, una pupila, solo una, dilatada, viéndome colgada de no sé qué artefacto u objeto, encendí la luz de golpe y no había nada y esa fue, Delia, la primera noche que no pude dormir, temprano llego Valentina y decidimos variar, haríamos un picnic cerca del rio y bajando estaba esta señora, que parecía un argos, vigilando sin que se le escape nada y repitió la misma frase que dijo cuando llegue, agregando que la caída en conjunto duele más.

Caminamos más rápido mientras ella me contaba lo que le paso en el taxi, con el dilatado (como le pusimos de apodo, quizás un par de burlas calmarían la esquizofrenia de la pupila) y que este era su ultimo día en Tours, que se iría y que me debía ir con ella, luego no hablamos más, luego solo comimos y luego solo me despedí, quedándome con una foto, su bufanda y su dirección en su país.

Recuerdo que esa noche me habías dicho que llegaba tu hermana, Sofía y que me acompañaría hasta que tu llegaras, que fortuna la mía, llegue al bloque de concreto, tu hogar, y había otra nota en la puerta amarrada a un dedo que estaba amarrado a la perilla de la puerta. “Vigilante como el argos ella siempre va, ten cuidado donde pisas,no vaya a ser que te caigas” ay Delia, entre y cerré, hasta la nevera la utilice de tranca, me agache y en posición de niño asustado con un cuchillo en la mano espere a que llegara tu hermana, oí unos pasos, luego un grito (vagamente creo haber reconocido que decían mi nombre) y luego nada, medio asome algunos cabellos y allí estaba, Delia, Sofía en la terrible vida eterna, Delia, tu hermana murió hace unos días ya, pero lo inverosímil de esto, el cadáver de ella, le quitaron uno de los ojos, donde metieron otra nota y seguí hurgando, buscando más mutilaciones y… Le faltaba un dedo, el mismo dedo que colgaba de mi puerta, llame a la policía, espere a que llegaran, guarde la nota, solo yo como un estúpido ambicioso quería saber de esto, enterramos a tu hermana a los dos días (anteayer) y leí la nota “Ay de quien va por ahí caminando como distraído, puede hasta perder un dedo al caer”, mis dudas se aclararon y decidí que yo me vengaría por ti, en la noche subí a donde ella vivía y en el camino me tropecé, rodé por las escaleras hacia abajo y ahí estaba el taxista, viéndome, efectivamente solo tenía una de las dos pupilas dilatadas, se rió y se fue, desapareciendo entre la niebla por la fría noche, subí de nuevo mientras me temblaba hasta la médula y el apartamento de Yuliana, Delia, toda la planta llena de sangre, en las paredes escrito “Con cariño, Adié” y su apartamento con la puerta entreabierta, la luz estaba apagada así que entre apuñalando la oscuridad hasta que encontré el switch de los bombillos, que encendí y allí estaba ella, sentada, viéndome como siempre y desespere, corrí hacia ella, dispuesto a cortarle la garganta cuando me di cuenta que la tenía cosida, con hilo negro y en un pedazo con hilo blanco, al cadáver le faltaba también un ojo y tenía otra nota “si quieres saber quién soy corta los hilos, con cariño, Adié”, corte los hilos y escuche pasos y risas cerca, miraba hacia todas partes y no había nada, cerré la puerta, la tranque y termine de cortar los hilos, y empezó a sonar una sola nota de piano, solo una, no sé de dónde provenía, hurgue por todas partes y solo encontré fotos de una joven, imagino yo que Yuliana con muchos años menos y de un par de niños y un señor, imagino yo la familia de ella, mentol y manzanilla, nada más por todos los metros cuadrados, hasta que en un cajón conseguí una carta, con mi nombre escrito en ella.

“Lamento que tengas que vivir todo esto, lo lamento, Adié es despiadado, el me quito lo único que me hacía levantarme por las mañanas con alegría, no sabes lo que se siente llegar un día a tu casa y verlos a todos sentados en la mesa de la cocina, imaginar que están comiendo, acercarse a saludar y darse cuenta que todos están muertos, y que en todos hay una nota, la misma nota, “con cariño Adié”. Con cariño dice el muy sádico, desde ese día me visto de negro, con un botón blanco que representa ese ojo faltante en cada uno, me hace sentir que tengo un tercer ojo que me ayuda a vigilar, porque ahora hasta las partículas de polvo me parecen una amenaza.

Lo siento si desde que llegaste te he asustado, lo que te decía por las escaleras no era más que una advertencia, un mensaje subliminal, yo siempre iba como distraída y quede con ese tornillo a medio enterrar en mi corazón, el hecho es, que nunca te dije esto antes por mi timidez, me limite a observarte esperando a que te acercaras, pero sé que te espante, desde que todos mis seres amados murieron, nunca volví a ver sin rabia, y ahora, sé que Adié viene por mí porque ya sé quién es, te deseo suerte, toma todo el vino que quieras de aquí, y bébetelo todo si no pretendes huir”


Fue el momento, Delia, más espeluznante de mi mundana existencia, ¿Cómo ella sabía mi nombre? ¿Todo lo que sucedió, no será un ciclo? Ay Delia, corte el último hilo de su garganta, ahora con pesadez, y saque un pequeño tubo, corrí a tu casa, abrí la puerta, cerré y luego me encerré, llame a la policía para que fuesen por el cadáver de la desafortunada Yuliana, y abrí y observe lo que dentro había de ese tubo, Delia, te escribo esto, como el ultimo reflejo de mi vida, sé que no podré huir, y tú no debes volver.


 Delia, que fortuna la tuya al no estar aquí.


Andrés Restrepo.

domingo, 16 de junio de 2013

Llueves.

Todo siempre igual, la rutina de hablarle a tú vacío, como esperando recibir una señal, una respuesta, sin importar que sea corta, un gesto, algo, como desesperado, disolviendo mi alma como se disuelven los huesos en ácido sulfúrico, todo tan efímero e inconstante, he declarado este amor como pragmático en más de una ocasión, de a ratos no existe, de a ratos tu dejas de existir, de a ratos esta ilusión que llamamos vida se apaga en algún corte de energía cósmico, un detrimento parecido al de un reptil en alguna planta eléctrica, por más ilógico que suene. 

Y salgo, a recorrer tus veredas, y no dejas de llover, voy con un paraguas y con botas, evitando a toda costa empaparme de vos, siempre en vano, y mis ganas sufren grandes menoscabos cada vez que grito desde las cumbres de tus valles esperando la respuesta natural, eso que llaman eco, esa respuesta obligada que da el vacío y la altura, y no sé si es que mis tímpanos han reventado o es que desafías las leyes naturales solo por no responder o es quizás porque con cinismo disfrutas ver las arcadas de dolor de quien te regala humildes versos, en cuadernos empapados, ¿Cómo no van a estar empapados si llueves hasta dentro de la casa?

Y es que llueves, como un tifón o algo parecido, y a pesar de mis mediocres intentos de salir a la calle y evitar tus gotas, siempre llego a casa, muriendo de frío y empapado, extrañamente, me he vuelto adicto a este frío y como polidíptico compulsivo a tu lluvia, que me cala los huesos, como masoquista, entro y no busco calentarme, no, como cocainómano adicto a el letargo que traen consigo tus tormentas, por tus veredas y dentro de mi casa.

Y es que Annabel Lee, Milena ó Andaira solo hay una, solo hay un amor que te carcome el alma, solo hay una nube que humedece los desiertos de lo nunca visto, eso que llamamos uno mismo, solo un amor es capaz de penetrar tan profundo dentro del ser, a tal punto de trastornar al enamorado, desafiando toda la psicología, desnudándote, encontrando eso tan celado por ti mismo, eso que no eres, esa bestia que encarcelas desde siempre, solo un amor rebota en el albedo de tu superficie mental, beneficiando la supervivencia de formas de vida, eso que llamamos inspiración.

Entre la incomprensión y el carisma de este sentimiento, amor, cuatro letras sin un significado concreto, casi religioso, todo enamorado es un neófito si ve los ojos de quien ama, es imposible verlos y no arrodillarse a adorarlos, entrando en un estado de éxtasis híper alterado, donde el sistema límbico derrocha endorfinas en proporciones marítimas.

Amor, amor, amor, perdón por redundar tanto, pero debo hacer énfasis en esto, este sentimiento incipiente, sobre el que todos filosofamos, desde las más grandes mentes hasta los más insipientes.
Indescifrable, irreverente, incomprensible, le damos un nombre y un significado diferente todos los días, cambiante y creciente como el mismo universo, apoderándose de todo en tu mente, dejándote sediento y cansado, actúa como agua y sed, como cansancio y cama, como muerte y vida, casi genético, como inevitable, está escrito, todos morimos de amor alguna vez. Y no yéndome de lo dicho, vamos recorriendo calles, pensando en cómo nombrar al amor, más aún cuando estás enamorado del sosiego (ese brillo en sus pupilas), sabiendo que el amor es todo lo contrario, que es como un fantasma, que va con harapos negros, caprichoso, tocando a quien se le pega en gana, y detrás de su toque se abren puertas por las que entran la incertidumbre, las ganas, la pena y pasionalmente esa esquizofrenia, esos ataques epilépticos de noche al no poder dormir, eso que sucede mientras como un tornado, como resacada la tormenta, das vueltas en la cama buscando alguna posición que inhibe la mente y permite que el sueño se apodere del sistema nervioso central, el amor, guacho de cuna. 

Y sigues lloviendo, entre ataques de filosofía barata, blasfemias y papeles mojados, causando esta xeroftalmía, teniéndome arrinconado en momentos de nefelibata intensos, esta lluvia como un báratro, que dulce castigo, espero que nunca dejes de llover. 


Andrés Restrepo.

sábado, 15 de junio de 2013

Marca libros.


Marcas hojas en nuestra historia, la lees caprichosamente, hasta que te cansas y decides usarme de marca libros solo para leernos cuando te pega en gana.

Te vas, mendigando aventuras en bibliotecas ajenas, lees mil historias y pruebas el tacto de mil portadas, diferentes libros, diferentes autores, y yo, como paralizado me quedo dentro de este libro, esta nuestra historia, esperando que llegue el momento en que decides abrirlo y empezar a leernos de nuevo, como por no dejar esto en el abandono, dándome esperanzas, que toman forma de algún muerto de hambre, que solo espera el momento de recoger sus cachivaches e irse, bajo la lluvia solo acompañado por su soledad.

¡Que se queme la biblioteca! y que yo me queme junto a esta, tan tediosa historia para ti.


Andrés Restrepo.

miércoles, 12 de junio de 2013

Pesadilla.

La inspiración se me va del alma,
Como la muerte se me va de la vida,
Como vos te vas,
Y es que, si la muerte se me escapa de la vida,
Se seca la tinta del bolígrafo y vuelan las hojas blancas hacia el olvido,
¡Ay de mí! Si la muerte decide abandonarme
No hay peor destino que la inmortalidad (temo no morir)
¡Ay de mi pobre alma cansada! No quiere más verborrea en su memoria
¡Ay de mí si alguna vez tú decides que te vas!
Sería menos doloroso vivir para siempre

A no tenerte, nunca más. 


Andrés Restrepo.

martes, 11 de junio de 2013

La rata.

Capitulo I.

Huele a rata en mi hogar, y tú, estas llegando tarde como siempre, el olor intenso, no estoy loco, sé que huele a rata, una pequeña rata, haciendo un hoyo en mi cabeza, esta rata hizo un hoyo en mi cabeza, se alimenta con la corteza de mi cerebro, he fumado, intentando fumigarla, pero es inútil sigue su pútrido olor en el aire, no lo entenderían, solo deben oler, o entrar a mi cabeza, lo he intentado todo, he llegado a ponerme los audífonos con mis canciones más ruidosas, buscando que huya antes que sus diminutos y delicados tímpanos exploten; siempre temeroso, no vaya a ser que sea muy grande la muy desgraciada e intente salir por una de mis fosas nasales y al intentar salir se quede atorada, entonces andaría por ahí y por allá con una rata colgando de mi nariz, no que horror, y ahora la paranoia se hizo presente, tengo la inconmensurable necesidad de verme en un espejo, pero, el único espejo que tengo cerca está en el baño, y la puerta del baño es celosamente custodiada por una cefalea y definitivamente no tengo ánimos de enfrentármele ahora.
Siento las patas de esta rata, la siento, retorciéndose, la siento, estoy seguro que lo hago, no estoy loco, en mi fosa nasal izquierda ahora, siento que está allí, pero la muy maldita cuando la voy a tocar huye hacia adentro, y el olor, empeora, pero es obvio que huela a rata, si de verdad está ahí, una rata jamás va a oler a otra cosa, es como decir que un trozo de pastel sabe a ensalada.
Esta rata, astuta, cuando duermo sale y se come mi comida, y deja ese fermentado olor por toda la casa, ustedes están aquí, ¿no la huelen?, si se fijas bien la puedes ver, como camina por mi cabeza y deja su silueta por donde va, como cuando te envuelves en la sabana y mueves las piernas, ese mismo efecto, fíjense bien, ahh, desgraciado roedor, me cortare la cabeza para que se tenga que ir, una cabeza fría no es hogar para una rata, si eso haré, o no, mejor aún, mi vecina, sí, mi vecina, que siempre revisa mi correo y basura, creyendo que no la veo, la invitare a la casa, le ofreceré un té, intentare ganarme su confianza, charlare con ella, estaré dispuesto a oír su verborrea, ustedes entenderán, que no tengo nada en contra de mi vecina, no, es todo culpa de la desgraciadísima rata.

Capitulo II.

Y eso he hecho, por más de siete insoportables tardes, la vecina, viniendo por té, quedándose más tiempo cada visita. Debe estar por llegar, y la rata, la siento ahora en mi oído, dando un insufrible concierto con su constante chillido, y su corazón, latiendo, rápido, macabro, me empiezo a desesperar, la rata chilla y chilla y su corazón late y late, creando cefaleas que me dan palizas en todos los rincones de la casa, dejándome sin fuerzas y sin ánimos, succionando toda la energía de mi cuerpo, dejándome como un cadáver, un puto cadáver, que transporta una rata en su cabeza, y la puerta suena, debe ser ella, iré a revisar.  

Capitulo III.

Efectivamente era ella, abrí la puerta y esta vez traía galletas, como un gesto de cortesía, le serví la sempiterna taza de té, variando esta vez, té verde, con algo de menta y pimienta (siempre le serví té de jazmín) y cubos de queso, muchos cubos de queso, ¿a los ratones les gusta el queso, no? Y espere, bebiendo de mi taza, el olor a rata reapareció, más vehemente que nunca, y el chillido de la rata en mi oído combinado a la verborrea de mí vecina me empezaban a trastornar.
En un momento, sentí como la rata se colgaba de mi nariz, burlona, intente disimular torpemente, sabiendo que se había dado cuenta, la veía, ¿Cómo no verla? Si era enorme la desgraciada, y se burlaba de mí entre sorbos a la taza de té y la rata, la muy malévola la acompañaba en las burlas, ustedes entenderán, no odiaba a mi vecina, solo veía que su cráneo se veía más acogedor, la rata sería más feliz y yo por fin dejaría de tener sus sucias patas caminando entre los hemisferios de mi cabeza, tome un cojín, y se lo puse en la cara, no la veía ni escuchaba, ¡pero sé que la muy sádica se reía!  Lo que me obligo a presionar más aún, y la risa se hacía menos intensa, porque se reía.
De un momento a otro, la risa desapareció, a lo que me alivie inmensamente, por fin, una nueva cabeza para la rata; corte la cabeza, saque los sesos (quizás la rata querría más espacio), eche algo de comida allí adentro, le puse una pequeña vela y lo deje en el comedor. Ahora debía pensar que hacer con el resto del cuerpo, “arrojarlo por un barranco” pensé, salí, era tarde, algo como las dos o las tres de la madrugada, metí el cadáver al automóvil y acelere mientras la rata me mordía los nervios, llegue, lejos de mi hogar, saque el cadáver y me vino la grandiosa idea de cortarlo en pedacitos, ahí, porque haberlo cortado en mi casa hubiese sido manchar las baldosas de la sala y del baño con sangre sin necesidad, y arroje una extremidad por ese barranco, guarde el resto de las extremidades y seguí, yendo más lejos y enterré otra extremidad, más o menos 3 kilómetros más allá del barranco,  luego en un río arroje otra y luego en otro barranco otra más, una más lejos que la otra,  y así, hasta no quedar ninguna en mi maletero.
Llegue a casa, ya el sol iluminaba las partículas que flotan cerca de la ventana y decidí que era hora de irme a dormir, al paso de las horas, cuando mis ojos volvieron a estar abiertos, la rata, como yo lo planee, estaba ahí, en el cráneo de la vecina, comiéndose un pequeño pedazo de seso que por descuido no saque, pero, seguía la sensación, si, como si sus patas siguieran corriendo tímidamente dentro de mi cabeza, corrí al baño, para mi fortuna la cefalea que lo vigilaba dormía, y me vi en el espejo, ay de mí, ¿Cómo era posible algo semejante?, la rata había salido de mi cabeza, sí, pero toda su familia se había quedado dentro de la mía, la muy lujuriosa decidió dejar una multitud de pequeñas ratitas en mi cabeza, como un parque recreativo, le complace verme sufrir, por eso los he llamado, fumigadores, empiecen a trabajar, que no quede ni una sola rata, ¡si no las exterminan ustedes las extermino yo! 

Capitulo IV.

Esta nota la encontraron, por obvias razones, los fumigadores no querían colaborar, empezaron a decir que estaba demente, que llamarían a la policía y un montón de disparates, cuando yo solo los llame para que hicieran su trabajo, en fin, fumigue a los fumigadores, irónicas y hermosas fueron sus muertes, deberán entender, que no estoy mal de la cabeza, pero si tengo un mal dentro de ella, una camada de ratas, que me han obligado a hacer todo lo que he hecho.
Pero el motivo real de esta carta, la desesperación me obliga a intentar exterminar yo mismo a todos estos bichos mordedores, tomaré  algo de veneno para ratas, lo pondré en alguna olla con algo de aceite, beberé algún trago mientras se calienta y todo ese vapor lo aspirare, espero resulte, y mi cadáver, quiero que lo quemen, junto al de todas estas putas ratas.


Andrés Restrepo.

lunes, 10 de junio de 2013

Pandora.


Por las calles frías Charlotte caminaba hacia una reunión en casa de una conocida; por el camino sentía una sensación macabra que le recorría la espalda, como si la muerte estuviera caminando junto a ella, como llevándola de la mano.
En algún momento se detuvo a comprar algo de licor, aunque no bebía, venia de una familia tradicionalista (La criaron con la costumbre de llevar algo a cualquier verbena a la que fuese invitada) ya cerca, la sensación tan tétrica que la acompañaba se agravó, ignorando esto, llego por fin a casa de la anfitriona,   saco una pequeña hoja de papel, que le habían dado, con las instrucciones de que al llegar debía tocar la puerta 3 veces y leer en voz alta lo que allí escrito estaba.
-“La vida no es vida si la muerte no camina a tú lado por las tormentosas calles nocturnas.”
Pandora abrió la puerta, vio a Charlotte y dijo:
.-Charlotte, me alegro que hayas venido, sigue adelante, te presentare a los demás invitados.
Al entrar, Charlotte se tropezó con un pequeño abrigo que había en el suelo, e intento aferrarse a Pandora, solo rozándole levemente el brazo, pero al hacerlo sintió como si el aire huyera asustado de sus pulmones y como si toda la sangre de su corazón se coagulara, se levantó, temblando
.-¿Te encuentras bien? –Preguntó Pandora
.- Si, solo fue una caída tonta.
Pandora, como si fuese ineludible para sí misma, siguió con su ceremonioso acto de presentarle los demás invitados a Charlotte. Se dirigieron al final de la habitación, donde estaban Mort y Lilian, Mort estaba colérico con Lilian.
.- ¡¿Cómo puedes ser tan cerda?! ¡¿Con él?! ¡¿Enserio?! Qué asco me das, no me toques. –Mort, colérico le gritaba a Lilian, eran pareja desde hace años y ella se acostó con Nate, un sujeto al que Mort le tenía asco.
.- Déjalo así, ya, paso solo una vez, tú dormías.  –Respondió Lilian.
.- QUE ASCO ME DAS, sigue, anda, que alguien va a dormir y no va a despertar jamás, con Nate, debería darte asco de ti misma.
Mort, bebió su trago de un solo golpe y paralelamente llego Pandora con Charlotte.
.- Buenas lunas trovadores de oscuridad (Pandora y Mort siempre hablaban de una manera poética) Ella es Charlotte, espero sea placentera esta velada para ella, puede ser su última salida bajo la luz de las luciérnagas.
.- Acompáñame a fumar Pandora, siempre es placentero el tabaco y tú presencia. –Dijo Mort tras la llegada de Pandora
.- Charlotte, acompáñame a buscar un trago –Lilian, ansiaba dejar su conciencia tras una copa, quizás 10.
.- No bebo alcohol, le respondió Charlotte
.- Deberías al menos probarlo, quien sabe, quizás mañana ya no existas. –Exclamo Pandora al oír lo dicho por Charlotte
Mort y Pandora salieron al balcón, sostuvieron una larga conversación, entre cigarrillos y copas de vino, la conversación se iba tornando más nefasta; eran dos personas, llenas de ideas y ganas de matar, resignándose durante toda su vida a aplastar insectos, Pandora aludió a Charlotte, ay pobre de Charlotte, le pregunto a Mort:
.- ¿Me ayudarías a enterrar un cadáver?  
.- Si es el de Lilian te ayudo a cavar hasta el centro de la tierra. –Respondió el, al oír lo anteriormente dicho
.- Hablaba de Charlotte.
.- Oh, pero, ¿Qué te ha hecho ella?
.- Nada, solo me da asco, quisiera aplastarla como a las hormigas que merodean por las baldosas en mi cocina, si, que van por ahí, metiendo sus antenas donde no deben.
.- Te ayudo, si de verdad lo piensas hacer, esperemos a que se vayan todos, hoy serán dos hormigas aplastadas contra las baldosas de la cocina.
Siguieron charlando durante un largo rato, mientras que Charlotte y Lilian bailaban, cantaban y hacían payasadas, Charlotte bebió un trago del vaso de Lilian y se perdió totalmente en un esa sensación placentera en su paladar, por primera vez sentía el alcohol recorriendo por sus papilas, y busco repetir esta sensación infinitas veces, yendo a buscar más tragos cada vez que se lo acababa fugazmente.
.- No entiendo como no había bebido alcohol antes, gracias Lilian, creo que te amo. –Le dijo Charlotte medio borracha a Lilian- 
.- Anda, deberías dejar de beber, vamos a la cocina, te preparare algo de comer.
.- Mejor tráeme otro trago.
.- No más tragos para ti.
.- Esta bien, si tengo un poco de hambre.
Ya en la cocina, Charlotte, en un momento de euforia extrema, tomo un cuchillo y amenazó a Lilian, obligándola a buscar otro trago, Lilian, sagazmente persuadió el tema, aunque el frío del cuchillo le acariciara los retazos de piel del cuello, consiguió que Charlotte lo soltara y fueron a donde todos estaban mientras la velada seguia su curso.
 Los invitados poco a poco se iban, hasta que solo quedaron solo ellos cuatro, Pandora le pidió a Charlotte que la ayudara a limpiar la cocina, Lilian la había dejado caótica y Mort le pidió a Lilian que lo acompañara al baño, alegando que se sentía mal, y que tenía ganas de vomitar.
Estando en la cocina, Pandora, afortunada, como si la muerte quisiera que ella le diera de beber la sangre de Charlotte, vio el cuchillo con que Charlotte amenazaba hace unas horas a Lilian, y le pidió que se lo pasara, Charlotte entre arcadas y muecas torpemente tomo el cuchillo y se lo dio a Pandora. -Veo que estas muy ebria- Dijo Pandora mientras Charlotte le daba el cuchillo.
.- Solo me he bebido unos cuatro tragos, es poco señor agente. –Respondió, totalmente ebria Charlotte.
.- ¿Señor agente?
Charlotte, miro a su alrededor, suspiro, termino su trago y exclamo entre dientes. – Ah, verdad que sigo aquí.
Charlotte, en un movimiento brusco hizo que se cayera el vaso del que bebía y mientra se agachaba para recogerlo, Pandora, como seducida, no lo pensó dos veces, le enterró a Charlotte en la nuca el cuchillo, con todas sus fuerzas, y mientras la sangre, huía como asustada del cuerpo de Charlotte, Pandora recitaba “Que delicia, la noche fue testigo de la única razón de la existencia, nacemos para morir o morimos para nacer, paradigmática y efímera es nuestra existencia, que seguro no es más que el sueño de algún perturbado.”
En el baño, Mort espero a que Lilian tuviese un desliz, un pequeño descuido para cumplir su cometido, pero Lilian lo vigilaba, como una hiena vigila celosamente el cadáver de una cebra que acaba de conseguir en la pradera, con la misma mirada del viejo asesinado en el corazón delator de Allan Poe.
Mort, perdió la paciencia. - Que horrible esta sensación, como si me hubiese tragado un kilo de clavos al rojo vivo, Lilian, acércate, toma mi brazo por favor.
Lilian inocentemente cumplió lo pedido por Mort, que diligentemente la tomo del cuello, la pego a una pared, la miro a los ojos y dijo:
.- ¿Te dan asco las cucarachas?
.- Mucho asco, ahora suéltame, me asustas.
.- ¿Y qué haces cuando ves una cucaracha? ¿Huyes, la aplastas o pasas de largo, como si no la hubieses visto?
.-  ¡SUELTAME!
.-  Responde primero, si tienes algo de afecto por esa ilusión mundana que torpemente llamamos vida.
.-  La aplasto
.-  Pues aplastada serás, acabas de decidir tú por mí que sucederá esta noche.
.- ¡Espera!, ¿qué dices?
.-  Que no eres más que una cucaracha para mí.
Mort, tomo el tubo, si ese, donde cuelgan las toallas, golpeo a Lilian en la cabeza con todas sus fuerzas, al estar ella en el suelo noto que aun respiraba, busco el jabón en la bañera, y se lo metió en la boca a Lilian, enterrándoselo hasta la garganta, murió asfixiada, el asesinato más pulcro que alguien imaginarse puede.
Pandora y Mort, decidieron sacar ambos cadáveres a la sala quemar la casa e irse. Empezaron a verter un líquido inflamable por todo el apartamento, Pandora encendió un cerillo, lo arrojo mientras Mort salía, y se retiraron.
.- Vamos a mi casa, te invito a un trago. – Dijo Mort al estar lejos ya del incendio
.-  Me agrada la idea, pero me iré al amanecer.
Ya en casa, Mort sirve dos tragos, pero insaciable, como un adicto a la muerte aderezo el trago de Pandora con algo de arsénico y lo puso en la mesa, se dio la vuelta, confiado, imaginando ya que hacer con otro cadáver, para tomar el encendedor mientras sacaba un par de cigarrillos, Pandora, astuta y asesina, mientras Mort estaba de espaldas, saco de su bolso una botella con un líquido transparente, y lo vertió en el trago de el.
.- ¡Salud! Disfrútalo. –Balbuceo Mort, encendiendo un cigarrillo.
.- Igual tú, disfruta, como nunca has disfrutado un trago.
Todo esto dicho, mirándose a los ojos, los dos con una mirada de satisfacción, perturbante, los ojos abiertos, las manos temblando tímidamente, y el aire del ambiente, denso, como si hubiese argón en la habitación.
Al pasar un par de minutos, cuando Mort termino de fumarse el que sería su ultimo cilindro de placer, sintió un pequeño malestar en el estómago, que luego fue peor y luego insoportable haciendo que se retorciera como un gusano en el piso, cayendo, muerto tras toser algo de sangre, Pandora exclamaba, mientras tomaba la caja de cigarrillos, el dinero y el encendedor y de Mort “Todas las noches, en algún lugar del mundo, algún bastardo mata a alguien y al pasar los días muere, me complace, ya no tener que hablar como poeta del medio evo, ay Mort, no sabes desde cuando quería ver tu cuerpo, sin oxígeno en los pulmones."

 Inocente, Pandora sin sospechar que había sido envenenada, encendió un cigarrillo. Solo alcanzo a darle dos caladas cuando sintió que se mareaba. –Será que no debo fumar más hoy –Pensó- desecho el cigarrillo, inútilmente, dio media vuelta, miro en dirección de la casa de Mort y se dio cuenta, vomito algo de sangre y cayó muerta, mientras tímidos rayos del alba se asomaban por detrás de las montañas.

Andrés Restrepo.