Y aquí empieza esta rutina, que sé, se repetirá incontables
veces durante muchos años, es curioso caer en esa inexorable realidad de golpe,
conseguirse de lleno en todo lugar que uno intenta evitar por años, que intenta
declararles la guerra e incluso aplicar la ley del anarquismo extremo, heme
allí, viendo como todos tenían una historia que contar con sus miradas, estaba
este sujeto, alto, con los ojos de buitre y las conjeturas de un insecto palo,
joder, que miedo daba, no se quedaba quieto, parecía que el mundo se le venía
encima por un par de tediosas y terribles horas, llamaba, gritaba, insultaba, y
cuando por fin se veía en cierta calma, publicaron ese maldito cartel, que no
era más que una condena, seis horas se veían venir, siendo muy optimistas,
claro está que las multitudes sacan lo peor de nosotros, que no hacemos más que
vivir en la constante negación de la ineludible realidad que nos roza todos los
días, incluso me he visto encerrado en prejuicios estereotípicos, al ver como
entran estos hombres que viajan en moto, con sus chalecos con números, chalecos
que siempre me han hecho entristecer, me hace pensar que cada vez falta menos
para ser reconocidos por un lector de códigos de barra. Como apretamos el culo
cuando los vemos bajarse, entrar, y pararse cerca, con sus miradas que más bien
parecen radares, así solo sean humildes trabajadores, no se puede saber si alguno es todo lo contrario a lo que ya, por
mero azar de pensamientos, lo hemos condenado a ser. Vivimos en un constante
asedio de información negativa, ya es común que el día a día se oiga al menos
la noticia de un robo, o un asesinato, y me siento terrible al caer en estos
juegos que no son más que realidad exagerada cien veces, puede estar sumergida
en la basura una sociedad, pero incluso en la basura se consiguen pepitas de
oro, y me doy cuenta que no soy el único con estos ataques de paranoia, aunque,
realmente me encantaría ver alguna vez a una de estas señoras, que se dedican
al sano deporte de criticar todo a su alrededor con solo un suspiro,
enfrentándose a uno de mis ataques de paranoia extremos, justo como el que vivo
ahora, veo el reloj moverse pero no siento que se mueva el mundo, allí están de
nuevo estos dolores de cabeza, esta sensación de perderme, de que las neuronas
y el sistema nervioso deciden darse un descanso y al salir lo apagan todo, los
labios resecos, la mirada completamente perdida por unos segundos y atraviesan
diez millones de pensamientos en un segundo por la cabeza de una aguja, me
gusta darles una historia a estas miradas, como la de Ligeia (llamémosle así)
esta mujer que con movimientos tímidos generaban una curiosidad en mí, que más
bien me regalaban cierta suerte de intimidación, aunque no pasó de una ruleta
rusa de miradas que al final no se cobró ninguna víctima, estábamos tentando
dejarnos los labios hecho hielo y los corazones calentitos, aunque también se
prestaba a la hipótesis de sentirnos cómodos al menos en ese pequeño espacio
que suponía el campo visual, que más bien se veía invadido por el otro en todo
momento, no lo sabía entonces cuando repentinamente todo se vio interrumpido,
justo al irrumpir un estruendo en el ambiente (se veían nubes en el cielo)
aunque solo fue un golpe de un sujeto que ya había perdido la paciencia,
parecía venir de un lugar lejano y parecía con prisa por volverse a ir, podría
ser que en una mala jugada de los días se encontrara en una encrucijada que
llevara a ninguna parte, más bien me dieron ganas de incendiarle las manos, al
interrumpir un momento como aquel, que quedo en puntos suspensivos apuntando a
un punto y veremos el final.
Los audífonos me salvaron durante poco tiempo, muy poco, ya
estaba perdiendo la cabeza mientras la ansiedad me comía los nervios, ¿saldría
alguna vez de allí? Paredes blancas con rayas rojas y una multitud, por amor a
la calma, quería quemarlos a todos, quería ser fuego, quería ser ceniza, quería
ser aire, quería largarme de allí.
Para no explotar mantuve inundada esa habitación de
instintos homicidas en mi cabeza, más bien desgasté todos mis fondos
“pensatarios” en un breve pero eterno lapso de tiempo, me han dejado en la
quiebra y me empiezo a quebrar, todo se torna en una excitación que, en
cualquiera de los escenarios que planteaba mientras respiraba lentamente (“Sh,
control, falta menos”) todo salía terriblemente mal, claro, el problema de ser
un pesimista empedernido, con un ataque
de ansiedad y allí está, las paredes se hacen cada vez más pequeñas y cada vez
me veo más cerca de todos estos sujetos en un interminable tic tac burlón del
reloj, todos estaban sordos, ¡¿Cómo no lo oían?! Si retumbaba en todas las
paredes el eco de un desesperante
preámbulo a la esquizofrenia absoluta, no pude más, caí al piso queriendo ser
tierra y pase a ser concreto, el azar de las manecillas tomaba cierta compostura
cuando al fondo se escuchaba el aclamado “Gol”, la religión no es el único opio
del pueblo, y yo estoy ahí queriendo ser
otro, encontrarme en ese vacío llenito de nada en el que tan a gusto me siento
cuando logro entrar, y las paredes seguían haciéndose más chicas, les brotaban
lunares rojos y naranjas que más bien parecían una danza, un cuadro de Dalí, un
espacio surrealista que quería absorbernos a todos, y caí en cuenta, nos
absorbería a todos, solo me alcanzó la voz para exclamar ¡No lo ven! ¡Nos están
robando la vida! Mientras sentía que un nudo se enlazaba en mi garganta y se
quemaban las ultimas trabajadoras vivas en mi cerebro, entré en la cúspide de
la desesperación al verme en el espejo con los ojos ensangrentados, las orejas
absorbidas hasta el tímpano, la boca completamente cosida en un hilván
perfecto, al ver mi mano me conseguí con mis palmas completamente secas,
empezando a desmoronarse en bloques de polvo y cal, las venas hechas sogas que
se amarraban a mi cuello y justo cuando me quise rendir y dejar de resistirme a
la inevitable fuerza de estos lunares, que cada vez se hacían más oscuros, se
escucha un clamor al fondo.
¡Numero 1096!
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