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viernes, 21 de junio de 2013

Adié


Delia, me he bebido todas tus botellas de vino, he leído todos tus libros y me he fumado todas las cajetillas que tenías escondidas en tu habitación, buscando huir, buscando alguna distracción, he intentado dormir en todos los metros cuadrados de este bloque que se adosa sobre otro bloque que a su vez lo hace sobre otro, y así, sí, esto que tu llamas hogar, quien imaginaria que esto, paradisiaco en sueños los días antes de yo llegar, un apartamento en Tours, con vista al rio Loire, sería el escenario de esto, tan trágico, tan tétrico, tan horroroso.

Delia, el día que yo llegue, antes de leer la nota que me dejaste en la puerta, mientras subía por las escaleras, como siempre distraído, bajaba una señora, mayor, con el cabello blanco, con facciones esqueléticas y vestida de negro, apoyándose de la baranda para no caer quizás; cuando pase por su lado, sentí como si me abrieran el estómago y lo rellenaran con clavos al rojo vivo, esta señora, cuyo nombre ignoraba exclamo: “el que sube las escaleras como distraído se parte la frente al caer por no conseguir donde apoyarse, nadie quiere morir así. Rodando por las escaleras” y siguió, como si nada. Seguí yo, subiendo, ahora alerta y mirando atrás, no vaya a ser que esta vieja loca se le ocurriera ir detrás de mí, esperando el momento para enterrarme un cuchillo en la nuca. Llegue al piso, revise las indicaciones que me diste para llegar por si dormías, busque el apartamento y revise tu nota, “Las llaves están el matero, enterradas cerca del punto azul” tú, como siempre dejando pistas para todo. “no mires a la señora Yuliana, es esa vieja que siempre va de negro con un botón blanco en el sombrero, está loca, ignora todo lo que diga, yo me voy por unos días a Paris, a visitar a un amigo que encerraron por error (según él) en La Santé, ya sabes, darle apoyo emocional y llevarle un par de dulces avec de la liqueur, regreso pronto” busque las llaves con inmenso cuidado, no vaya a ser que desenterrándolas un bicho me pique, las tome, abrí la puerta, entre y deje mis cosas en la sala, admirando los cuadros de arte seguramente comprados en algún mercado de pulgas y oyendo las agazapadas notas de música minimalista que entraban por no sé qué agujero, quizás por la brecha entre las ventanas o la ratonera de la puerta para salir al balcón, por el que me asome apresuradamente para poder ver más cómodamente todo el paisaje a mi alrededor, pero cuando salgo, siento una mirada, penetrante que no me dejaba conseguir una posición cómoda en la cual encender el primer cigarrillo y maravillarme con las notas de Yann Tiersen que sonaban en un bar bohemio que creo yo vagamente pude distinguir cerca de aquí. Era Yuliana, con una mirada de hiena como si yo fuera carroña, pude haber quemado los hilos que hicieron el ambiente más denso si así lo hubiese querido, no sé de dónde venía tanto odio, porque Delia, se notaba que me odiaba, y me propuse a retarla en una interminable competencia de miradas que duro no sé cuánto tiempo, hasta que paso alguien más y ella se fue detrás, como queriendo apuñalar a esa desafortunada jovencita; espere a calmarme (quede sumamente nervioso) y decidí salir a recorrer un poco las calles, y entrar a ese bar bohemio del que provenía la música, salí y solo deje que me guiara mi torpeza cromosómica, llegue a una cueva donde tropecé, la torpeza es la peor guía, Delia, me acerque al bar “le trou dans la grotte” me senté y bebí un poco de vino hecho localmente, solo para comprobar la buena fama que tiene el vino de Tours, me acerque a una hermosa mujer, que para mí fortuna hablaba español, una venezolana, Valentina, con la que filosofe y bebí durante horas, sin darme cuenta que ya el sol no acariciaba esta parte del planeta, y que la luz que veía afuera eran las lámparas amarillas, eso quizás explicaba el cambio de ambiente, la musicalización, los temas de conversación que vagamente alcanzaba a oír entre el balbuceo de los bohemios, mire el reloj y por amor a todo lo inaceptable, no solo había oscurecido, eran las dos de la madrugada, quede en volver a verme con Valentina al siguiente día en la Cathédrale de Saint-Gaciano, fui al apartamento con una sensación terrible recorriendo mi espalda, subí, entre, fume el ultimo cigarro mientras bebía la última copa de vino, mientras sonaba la última canción del día en el radiesito pequeño que hay en tu sala, me quite los zapatos y me fui a dormir al sofá, soñé algo, que pensé por unos días no era más que delirio de cansancio, un asesino con una pupila dilatada, solo una.

Desperté tarde, a las 10, me serví una copa de vino y comí un poco de fougasse de queso y aceitunas. Salí deprisa, pues la bellísima Valentina no podía esperar, sería una ofensa, salí, fui y me conseguí con ella, fue mi guía turística, comimos de a poco en varios lugares, bebimos de a una copa en varios bares y así fue durante unos días, hasta hace un par de noches, que entramos a le trou, como siempre distraídos, tropezándonos con todos mientras hablábamos y fumábamos y bebíamos y cantábamos, sentí de nuevo esa mirada, de lejos, allí estaba ella, Yuliana, viéndonos, mientras bebía un líquido de color extraño, como brea de un pequeño vaso, tome a Valentina de la mano y la saque corriendo como previendo algún percance y pare un taxi para que se fuera a su casa y el taxista, el taxista Delia, tenía una pupila dilatada y la otra, la otra no sé, no alcance a verla, y volvió el pánico, ese nudo en la garganta como quien se acaba de despertar de una pesadilla, cerré la puerta, le pedí que me avisara cuando llegase a donde se hospedaba, espere a que el taxista arrancara y entre de nuevo a ver si es que la vieja trastornada esta seguía dentro y si, ahí estaba, viéndome, compre una cajetilla de cigarrillos o seis, y empecé a caminar sintiendo que me perseguían, volteaba pero no había nadie, subiendo por las escaleras del edificio cayó de arriba una nota y sonó una puerta, la nota, ay la nota, advirtiendo que alguien quería verme, que bajara corriendo, con una linterna a la parte de atrás del edificio, con cinismo firmada al final “Con cariño, Adié, subí por un cuchillo y baje, despacio y viendo todo, incluyendo las baldosas del suelo, no vaya a ser que una se rompa y me lastime una pierna o peor, que caiga en una trampa, no sé, la paranoia no me dejaba pensar, llegue a la parte de atrás y no había nada más que otra nota, “excelente, ahora ve a dormir a tu cama, será una semana pesada. Con cariño Adié”, el muy maldito o maldita, me hizo bajar para nada, solo por molestar, empecé a creer que era alguna broma de algún pobre diablo sin oficio que habitaba en alguno de los bloques.

Entre al apartamento, tome una ducha y me fui a la cama, esta vez la del cuarto de huéspedes que tiene una tenebrosa ventana gigante justo al frente, tenebrosa porque no hay manera de esquivar los rayos del sol en la mañana y te obliga a despertar, casi como un castigo por quedarse a dormir en ese cuarto, que bien pudiese ser llamado el cuarto de torturas, y a media madrugada, como a las dos y media escuche unos golpecitos en la ventana, me asome por una brecha debajo de la sabana y creo, solo creo que vi, ahí, una pupila, solo una, dilatada, viéndome colgada de no sé qué artefacto u objeto, encendí la luz de golpe y no había nada y esa fue, Delia, la primera noche que no pude dormir, temprano llego Valentina y decidimos variar, haríamos un picnic cerca del rio y bajando estaba esta señora, que parecía un argos, vigilando sin que se le escape nada y repitió la misma frase que dijo cuando llegue, agregando que la caída en conjunto duele más.

Caminamos más rápido mientras ella me contaba lo que le paso en el taxi, con el dilatado (como le pusimos de apodo, quizás un par de burlas calmarían la esquizofrenia de la pupila) y que este era su ultimo día en Tours, que se iría y que me debía ir con ella, luego no hablamos más, luego solo comimos y luego solo me despedí, quedándome con una foto, su bufanda y su dirección en su país.

Recuerdo que esa noche me habías dicho que llegaba tu hermana, Sofía y que me acompañaría hasta que tu llegaras, que fortuna la mía, llegue al bloque de concreto, tu hogar, y había otra nota en la puerta amarrada a un dedo que estaba amarrado a la perilla de la puerta. “Vigilante como el argos ella siempre va, ten cuidado donde pisas,no vaya a ser que te caigas” ay Delia, entre y cerré, hasta la nevera la utilice de tranca, me agache y en posición de niño asustado con un cuchillo en la mano espere a que llegara tu hermana, oí unos pasos, luego un grito (vagamente creo haber reconocido que decían mi nombre) y luego nada, medio asome algunos cabellos y allí estaba, Delia, Sofía en la terrible vida eterna, Delia, tu hermana murió hace unos días ya, pero lo inverosímil de esto, el cadáver de ella, le quitaron uno de los ojos, donde metieron otra nota y seguí hurgando, buscando más mutilaciones y… Le faltaba un dedo, el mismo dedo que colgaba de mi puerta, llame a la policía, espere a que llegaran, guarde la nota, solo yo como un estúpido ambicioso quería saber de esto, enterramos a tu hermana a los dos días (anteayer) y leí la nota “Ay de quien va por ahí caminando como distraído, puede hasta perder un dedo al caer”, mis dudas se aclararon y decidí que yo me vengaría por ti, en la noche subí a donde ella vivía y en el camino me tropecé, rodé por las escaleras hacia abajo y ahí estaba el taxista, viéndome, efectivamente solo tenía una de las dos pupilas dilatadas, se rió y se fue, desapareciendo entre la niebla por la fría noche, subí de nuevo mientras me temblaba hasta la médula y el apartamento de Yuliana, Delia, toda la planta llena de sangre, en las paredes escrito “Con cariño, Adié” y su apartamento con la puerta entreabierta, la luz estaba apagada así que entre apuñalando la oscuridad hasta que encontré el switch de los bombillos, que encendí y allí estaba ella, sentada, viéndome como siempre y desespere, corrí hacia ella, dispuesto a cortarle la garganta cuando me di cuenta que la tenía cosida, con hilo negro y en un pedazo con hilo blanco, al cadáver le faltaba también un ojo y tenía otra nota “si quieres saber quién soy corta los hilos, con cariño, Adié”, corte los hilos y escuche pasos y risas cerca, miraba hacia todas partes y no había nada, cerré la puerta, la tranque y termine de cortar los hilos, y empezó a sonar una sola nota de piano, solo una, no sé de dónde provenía, hurgue por todas partes y solo encontré fotos de una joven, imagino yo que Yuliana con muchos años menos y de un par de niños y un señor, imagino yo la familia de ella, mentol y manzanilla, nada más por todos los metros cuadrados, hasta que en un cajón conseguí una carta, con mi nombre escrito en ella.

“Lamento que tengas que vivir todo esto, lo lamento, Adié es despiadado, el me quito lo único que me hacía levantarme por las mañanas con alegría, no sabes lo que se siente llegar un día a tu casa y verlos a todos sentados en la mesa de la cocina, imaginar que están comiendo, acercarse a saludar y darse cuenta que todos están muertos, y que en todos hay una nota, la misma nota, “con cariño Adié”. Con cariño dice el muy sádico, desde ese día me visto de negro, con un botón blanco que representa ese ojo faltante en cada uno, me hace sentir que tengo un tercer ojo que me ayuda a vigilar, porque ahora hasta las partículas de polvo me parecen una amenaza.

Lo siento si desde que llegaste te he asustado, lo que te decía por las escaleras no era más que una advertencia, un mensaje subliminal, yo siempre iba como distraída y quede con ese tornillo a medio enterrar en mi corazón, el hecho es, que nunca te dije esto antes por mi timidez, me limite a observarte esperando a que te acercaras, pero sé que te espante, desde que todos mis seres amados murieron, nunca volví a ver sin rabia, y ahora, sé que Adié viene por mí porque ya sé quién es, te deseo suerte, toma todo el vino que quieras de aquí, y bébetelo todo si no pretendes huir”


Fue el momento, Delia, más espeluznante de mi mundana existencia, ¿Cómo ella sabía mi nombre? ¿Todo lo que sucedió, no será un ciclo? Ay Delia, corte el último hilo de su garganta, ahora con pesadez, y saque un pequeño tubo, corrí a tu casa, abrí la puerta, cerré y luego me encerré, llame a la policía para que fuesen por el cadáver de la desafortunada Yuliana, y abrí y observe lo que dentro había de ese tubo, Delia, te escribo esto, como el ultimo reflejo de mi vida, sé que no podré huir, y tú no debes volver.


 Delia, que fortuna la tuya al no estar aquí.


Andrés Restrepo.

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