dos recuerdos para un olvido.
El olvido, ese no se qué que representa, creemos poder clasificar en carpetas los momentos y archivarlos en baúles y casilleros, solo para reaccionar en breves momentos, segundos del minutero, minutos de las horas, el amor, el odio, el reloj tocando el tambor para una fotografía que se burla de el, así como nos sentimos cuando no es correspondida una simple palabra a la que tememos como nunca tememos, una palabra mezclada con un montón de inexplicables y de vaya a saberse que infinidad de intentos de definición, la filosofía de un lapso del órgano que han relacionado directamente con esta blasfemia. Pobre del corazón, lo han condenado a amar.
El día que empezamos a querernos, ese día nos empezamos a olvidar, oh y créeme, que te olvide como a nadie jamas había olvidado, te olvidé mientras tu me olvidabas tras cada caricia, tras cada palabra, tras cada roce de labios, tras cada funeral de un beso, tras cada adiós, te olvidé en todas las tazas de café que pude olvidarte, tras cada detrás de mis días, con odio al sol me exponía a el solo por olvidarte un poco más, siempre, un poco más de olvido, un poco más de palabreo y metáforas, gatos, rincones, tu sentada en la ventana observando como las nubes se posaban delante de la luna, imaginando como recordarme un poco más mientras te olvidaba viéndote estampado en la mesita de noche, mientras intentaba recordarte entre los miseros poemas y las tonterías que hacía relatos, relatos sobre un olvido deseado por tu parte, pero te enfrascabas en recordarme y vaya que me recordabas, o me olvidabas, o que se yo, ya perdí el hilo de esta charlatanería, la ultima prosa (espero) para lo que fue un olvido como jamas olvidaré y repito y me enfrasco en una maraña de ideas de madrugada, recicladas de las tardes y ni pensadas en la mañana. Y caigo en los mismos rituales para recordarte, una fotografía puesta contra el espejo, el espejo puesto contra una puerta, una puerta que da a la calle, una calle por la que se llega a tu recuerdo, y allí esta, inexorable, pero no por eso menos recordable y ya me quedo sin letras para escribirle a tu olvido, no me alcanza la melancolía, que se desbordaba mientras te olvidaba.
Tú siempre recordándome y yo, que te llegue a olvidar tanto que de a ratos te recordaba en el olvido.
Andrés Restrepo.
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