André era una persona que a
simple vista cualquiera consideraría normal, aunque caer en esta definición es
una banalidad, como comparar una tiza con una tortuga o un relato de Flaubert
con un poema de Baudelaire, viene siendo de esas definiciones cotidianas y a la
vez tan poco comunes, como sentarse en una mesa y definirla solo como una mesa,
puede que la mesa sea el universo, viene siendo la cara escondida de todo lo
visible, las termitas debajo de las baldosas, el relleno de un sofá, al cual
millones de arañas y golondrinas enjauladas lo han hecho su hogar. Tenia una
hermosa pareja, de cabello negro, una estatura media con ojos negros, grandes y
profundos como el vacío del universo, una piel blanquísima y tersa como un
lienzo inalcanzable, al que todo artista anhelaría, para dejar plasmado su
arte, su esencia, su vida, su muerte, su todo y vaya a saberse que más, una
dama con una mente tan surreal que ni el mismísimo Dalí hubiese podido
imaginarla y una inteligencia que iba más allá de cualquier Marilyn Monroe o de
cualquier Einstein o Borges, como una tormenta perfecta, tan irreal y tan
onírica, quizás producto de un insomnio, quizás tan real que iba más allá de la
percepción mundana de los que se han quedado cortos, que solo miran lo
suficientemente alto como para aspirar a tener un carro, una esposa trofeo,
preferiblemente rubia, leer seis libros en su vida (tres de autoayuda), tener
tres hijos, uno llamado George, una hija llamada Brittany y un pequeño
deportista llamado Allan, y una casa en una urbanización cerrada con vecinos
que sonríen hipócritamente todos los días, ah, como iba más allá de todo esto
su belleza y su mente, solo visible a quien subleva los pequeños detalles, a
quien ve una pared y se imagina una pieza de Claude Debussy , para alguien que
pueda desnudar el alma y luego ver el cuerpo y basta de rayar en lo infinito,
que a final de cuentas viene siendo el factor común en mis relatos y mis ideas.
Sumando las edades de ambos
vagamente alcanzaban los 50 o 53 años, tan jóvenes pero tan exitosos, producto
de la creatividad y el nivel de adaptación de ambos, bien se sabe, que el que
no se adapta termina aplastado por el frío o peor aún, debajo de algún puente
pidiendo para una hogaza de pan o una copita de vino tinto. André desde muy
joven se apasionó por la cocina y la literatura, desde leer libros de Nietzsche
o Rushdie hasta saber preparar carpaccio de lomo de buey perfecto, al tener una
mente tan activa supo sacarle un sabor literario a cada platillo, destacó en el
instituto gastronómico, muy fácil de explicar, todos sus maestros habían leído al
menos unos diez libros y al describir cada plato concluían con un “este lomillo
me sabe a Rayuela y a Cronopios y famas” o “vaya delicia, fue como
transportarse a un mundo Orwelliano” luego de graduarse y sabiendo el talento
que poseía decidió inaugurar su propio restaurant, primero debía conseguir el
lugar, luego el dinero, luego los papeles, luego las firmas, luego un bolígrafo
para firmar y ya se sabe el resto, conoció a la mujer que sería el mejor sabor de
su vida en una plaza, salía del trabajo, solo a fumar un cigarrillo y leer
alguna sección del diario cuando la vio,
allá, sentada a la distancia, con un encendedor en la mano, se derritió su
mundo al verla, fue hacía ella, con la excusa que no tenía como encender su
cigarrillo, le pidió fuego, luego intento charlar, luego el silencio, se alejó,
termino con las ultimas cenizas antes del filtro, desecho los restos y volvió a
la cocina, al paso de unas horas entra uno de sus camareros y le dice que una
dama le quiere felicitar por “el banquete más extraordinario y desorbitante de
su vida” al salir vio que allí estaba ella, ambos quedaron perplejos, se miraron
un largo tiempo y luego ella solo pudo decir felicitaciones, ha sido magnifico,
para luego levantarse e irse, sin decir nada más.
André desconcertado volvió a la
cocina y al llegar la hora cerró el restaurant, un par de días después ella
volvió y se repitió la misma escena, y así, cada dos días, hasta que una noche,
al cerrar ella volvió y empezó a hablar.
.-Lo siento si siempre corro sin
decirte nada más, tú comida es magnífica, lo he repetido millones de veces,
aunque hay algo más, algo en ti que me incita a investigarte por completo,
desde que te vi en la plaza te quise tener, pero no hallaba como llamar tu
atención.
.-La has tenido desde un
principio.
.-Igual, no es sencillo.
.-Solo cállate, puedo preguntar
al menos ¿Cuál es tu nombre?
.- Anabelle, es un placer, solo
quiero, aunque suene como un abuso, que me invites una copa de vino, los dos
aquí, juntos, solos.
.-No hacerlo sería un grave error
de mi parte, un error por el cual me lamentaría en unos años.
Y así fue, entre una larga
conversación y varias botellas de vino descubrieron una parte de cada uno en el
alma del otro, repitieron el mismo ritual durante muchas noches, hasta que ya
no se pudo controlar y el deseo desbordó, un beso marcaría el inicio de una
vida.
Al cabo de unos meses empezaron a
vivir juntos, Anabelle siempre era un misterio y André si no cocinaba se
dedicaba a leer durante horas, claro, en sus días libres, una noche decidió
reavivar al menos un poco la pasión con una cena especial, un platillo único,
un platillo que dejara el sabor de miles de relatos y cuentos y novelas,
Anabelle llegó un poco tarde, con manchas rojas en su ropa, André preocupado
buscó la caja de los primeros auxilios pensando que se había lastimado, al ir
de nuevo donde ella estaba solo se enteró que había una sala vacía y una ducha
abriéndose arriba, respiro, luego encendió otro cigarrillo y volvió a la
cocina, sirvió los platillos y esperó a que ella volviera.
.-Que hermosa sorpresa –dijo
Anabelle.-
.-Hacía tiempo no lo hacía, ahora
cuéntame, ¿qué era lo que tenías en tu ropa?
Anabelle tartamudeo un poco y
vagamente alcanzó a decir que era sangre.
.- Hace ya mucho tiempo que
oculto esto y siento que ya es hora que sepas la verdad sobre mí, me gano la
vida quitándole la vida…
Luego un silencio largo y
profundo
.- ¿Quitando qué? Anabelle, no
juegues conmigo.
.-No estoy jugando, espera
.-Termina la oración
.-Quitándole la vida a otras
personas
.- Me debes estar mintiendo.
.- No lo hago.
Al darse cuenta de la seriedad
con que lo decía decidió dejar de hablar y solo terminar su plato, darle un
beso y subir a la habitación, al cabo de unas horas ella entró dispuesta a
seguir hablando, André solo dijo “no me importa lo que hagas, te amo de
cualquier forma, te amo porque el alma me llama a amarte” al oír esto ella se
acostó junto a él, un beso marcaría el ritmo de unas cuantas horas frenéticas para luego dormir sin saber que al despertar variarían sus días, esa tarde ella llegó al restaurant con un desconocido y una
idea descabellada, entró a la cocina con un frasco de cianuro y le pidió a
André que le echara esto al platillo del sujeto, discutieron por un momento y
se resignó a aceptar lo que ella pedía, tan ciegos que nos hace el amor o
quizás nos quita la venda negra que nos tapa la vista y nos permite ver los
ríos de melancolía y toda esa verborrea desamorosa que nos rodea, si siempre es un tema común entre los que escriben, por pasión o por profesión (sic). El sujeto
murió ahí, en la mesa, mientras todos observaban, el haber ordenado a la muerte encendió sus vidas, tanto que cedieron ambos corazones, a detener otros, durante el resto de sus latidos, variando una y otra vez, desde un caramelo con la cuenta, relleno con LSD para
volver a la persona fácil de manipular, llevarlo a un lugar apartado, cortarle la garganta, sacar la traquea y servirselá envenenada a otro comensal. Tantas
veces lo hicieron que empezaron las investigaciones, obvio resultado de las sospechas, al enterarse que habían sido descubiertos y que iban por ellos decidieron cometer un último atentado, André
preparo un último platillo para ella y para él, al que ambos le echarían algo
diferente, algún veneno diferente cada uno, se sentaron en la mesa más
diminuta, se miraban a los ojos tras cada bocado, al terminar bebieron la
última copa de vino, luego se dieron un último beso, las palabras habían sido dichas todas en silencio, se miraron
a los ojos una última vez y sus corazones se detuvieron. Al llegar los apresadores no pudieron evitar llorar un poco, por desdicha, por falta de pasión en sus vidas, por lo cruel del amor, que se aviva siempre en lo muerto, en lo prohibido, si un corazón puede amar, amará con más pasión si se tienta lo que viene estipulado por un no rotundo, desde huir juntos (vaya tontería pasional) hasta el encontrar tal nivel de excitación en cometer un asesinato o cien, juntos. El amor es como la maga, todos tienen una maga, y todos la definen de diferentes formas, que problema, no sé como darle un buen final a esto.
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