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jueves, 8 de agosto de 2013

Insomnio I: Romeo y Julieta, el putero y la lesbiana.

Perdí incontables batallas contra vos, pero he ganado la guerra, extraño resulta, que llore ahora por los caídos, como un soldado que perdió su pierna por la explosión de alguna granada, atormentado por seguir sintiendo los músculos perdidos, solo la mente jugándole sucio;  como un fusil invadido por la nostalgia, que no consigue más en su mecanismo que el recuerdo de las balas disparadas. Y se vuelve inexorable, el soldado llorando por su pierna perdida, el fusil por la bala disparada, el universo por falta de anti materia, y yo, por no tenerte al lado cuando brota la esquizofrenia, por no poder alucinar(te) dos veces, por no poder tenerte en mi mente y frente a mí, a final de cuentas soy el mayor de los egoístas, en un modo extraño, si te tengo al frente no te puedo pensar, si te pienso no te puedo tener frente a mí, y mis cuatro humores se descontrolan por no poder tocarte sin recurrir al tacto, por tener que cerrar los ojos para poder verte, estando contigo parpadeo como a quien se le metió algo en la córnea, insaciable necesidad de tenerte todas las veces que pueda tenerte, y termino siendo el más ciego entre los ciegos, veo todo, pero no observo nada, y te veo ahí, estampada en la pared, y la pared pasa a ser tú cuerpo,  y tú cuerpo pasa a ser una sutil ráfaga de viento, que me cala los huesos y del viento pasas a ser el humo caliente del cigarrillo saliendo de mis pulmones y sales disparada de mi boca, disipándote entre la niebla, y  la bilis negra, como el cuervo de Allan Poe siempre cerca observándome se aprovecha de la debilidad que causa la ilusión de tenerte y acongojado por tan efímera aparición de la nostalgia (de a ratos eres nostalgia) busco un poco más, y te busco, entre las telarañas, en las esquinas, entre mis vísceras. Es raro sostener mi propio estómago, hígado y pulmones, viscoso, cálido, no diré que me he enamorado de mis órganos, solo diré que mis órganos se han enamorado de ti, y tienes mi cuerpo como tu casa de verano, tálame, quémame el alma, te lo suplico, acaba conmigo, destruye al que gano la guerra. No tendrá nada de coherencia esto que escribo hoy, no puedo conseguirle el lado coherente a este sentimiento, psicológicamente soy un animal que depende de una sociedad para poder sobrevivir, dama de ojos prismáticos, tú eres mi sociedad. Vaya sociedad tan inestable la nuestra, tu que de a ratos eres nostalgia también de a ratos eres incertidumbre, de a ratos frustración y de a otros ratos muy largos la puta inspiración que no se puede plasmar de ninguna manera, todo mezclado, formando la utopía de un soñador que se le ha olvidado como soñar, cuyas noches no son más que un trasnocho tragicómico, ay de nosotros, aquí Romeo era putero y Julieta era lesbiana, un día Romeo en busca de sí mismo miró con el rabillo del ojo a la retraída y hermosa dama que de una ventana a su vecina desvestirse observaba, el sentimiento fue tal que se convirtió en escritor solo por ella, histérica ella lo rechazaba por mero juicio de su sexualidad, el incansable la iba enamorando poco a poco, a fin de cuentas, el amor no distingue entre sexo, color, raza, especie y algunas veces entre si respira o no.
Noche tras noche Romeo se acercaba a su ventana, blasfemando su nombre, dedicándole serenatas, dándole canciones con las mismas manos con las que alguna vez llego a matar, arrojando sus escritos por debajo de la puerta, sosteniendo solo el puente. Por mucho tiempo fue así, hasta una noche en que Julieta, confundida, descubrió que realmente amaba a Romeo, bajo por las escaleras, beso al pobre Romeo, pobre de Romeo, por el amor, condenado a toda una vida sin sexo, bueno, sin hacer el amor, sexo tuvo suficiente, se puede pensar.

El final feliz de esta historia, fue un beso envenenado, no cualquier veneno se untaría Julieta en sus labios para morir junto al que le ha robado el corazón, arsénico, dulce muerte. Julieta tomo el frasco con el veneno, con cuidado su dedo en un sutil tacto con sus delicados labios llenos del líquido los dejó, Romeo, Romeo, ¿dónde estás, que no te veo? Romeo apareció, le dedico el ultimo poema y simplemente se dejaron llevar, como una reacción un beso llevo a otro y a otro, y las manos de Romeo pasearon por la espalda de Julieta, poco a poco el deseo y la excitación se hacían protagonistas, dejando al descubierto ambos cuerpos, sumergidos en un océano de incertidumbre, la primera vez que nunca pudo ser, tras una caricia más, ambos desnudos caerían muertos, pasaron días hasta que se percataron de la ausencia del putero y la lesbiana enamorados, entraron a la habitación, lloraron sobre los cuerpos, luego lloraron un poco más y decidieron quemar sus cadáveres.

Esa noche sus cenizas hicieron el amor.  


Andrés Restrepo.

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