Perdí incontables batallas contra
vos, pero he ganado la guerra, extraño resulta, que llore ahora por los caídos,
como un soldado que perdió su pierna por la explosión de alguna granada,
atormentado por seguir sintiendo los músculos perdidos, solo la mente jugándole
sucio; como un fusil invadido por la
nostalgia, que no consigue más en su mecanismo que el recuerdo de las balas
disparadas. Y se vuelve inexorable, el soldado llorando por su pierna perdida,
el fusil por la bala disparada, el universo por falta de anti materia, y yo,
por no tenerte al lado cuando brota la esquizofrenia, por no poder alucinar(te)
dos veces, por no poder tenerte en mi mente y frente a mí, a final de cuentas
soy el mayor de los egoístas, en un modo extraño, si te tengo al frente no te
puedo pensar, si te pienso no te puedo tener frente a mí, y mis cuatro humores
se descontrolan por no poder tocarte sin recurrir al tacto, por tener que
cerrar los ojos para poder verte, estando contigo parpadeo como a quien se le
metió algo en la córnea, insaciable necesidad de tenerte todas las veces que
pueda tenerte, y termino siendo el más ciego entre los ciegos, veo todo, pero
no observo nada, y te veo ahí, estampada en la pared, y la pared pasa a ser tú
cuerpo, y tú cuerpo pasa a ser una sutil
ráfaga de viento, que me cala los huesos y del viento pasas a ser el humo
caliente del cigarrillo saliendo de mis pulmones y sales disparada de mi boca,
disipándote entre la niebla, y la bilis
negra, como el cuervo de Allan Poe siempre cerca observándome se aprovecha de
la debilidad que causa la ilusión de tenerte y acongojado por tan efímera
aparición de la nostalgia (de a ratos eres nostalgia) busco un poco más, y te
busco, entre las telarañas, en las esquinas, entre mis vísceras. Es raro
sostener mi propio estómago, hígado y pulmones, viscoso, cálido, no diré que me
he enamorado de mis órganos, solo diré que mis órganos se han enamorado de ti,
y tienes mi cuerpo como tu casa de verano, tálame, quémame el alma, te lo
suplico, acaba conmigo, destruye al que gano la guerra. No tendrá nada de
coherencia esto que escribo hoy, no puedo conseguirle el lado coherente a este
sentimiento, psicológicamente soy un animal que depende de una sociedad para
poder sobrevivir, dama de ojos prismáticos, tú eres mi sociedad. Vaya sociedad
tan inestable la nuestra, tu que de a ratos eres nostalgia también de a ratos
eres incertidumbre, de a ratos frustración y de a otros ratos muy largos la
puta inspiración que no se puede plasmar de ninguna manera, todo mezclado,
formando la utopía de un soñador que se le ha olvidado como soñar, cuyas noches
no son más que un trasnocho tragicómico, ay de nosotros, aquí Romeo era putero
y Julieta era lesbiana, un día Romeo en busca de sí mismo miró con el rabillo
del ojo a la retraída y hermosa dama que de una ventana a su vecina desvestirse
observaba, el sentimiento fue tal que se convirtió en escritor solo por ella, histérica
ella lo rechazaba por mero juicio de su sexualidad, el incansable la iba
enamorando poco a poco, a fin de cuentas, el amor no distingue entre sexo,
color, raza, especie y algunas veces entre si respira o no.
Noche tras noche Romeo se
acercaba a su ventana, blasfemando su nombre, dedicándole serenatas, dándole canciones
con las mismas manos con las que alguna vez llego a matar, arrojando sus
escritos por debajo de la puerta, sosteniendo solo el puente. Por mucho tiempo
fue así, hasta una noche en que Julieta, confundida, descubrió que realmente
amaba a Romeo, bajo por las escaleras, beso al pobre Romeo, pobre de Romeo, por
el amor, condenado a toda una vida sin sexo, bueno, sin hacer el amor, sexo
tuvo suficiente, se puede pensar.
El final feliz de esta historia,
fue un beso envenenado, no cualquier veneno se untaría Julieta en sus labios
para morir junto al que le ha robado el corazón, arsénico, dulce muerte.
Julieta tomo el frasco con el veneno, con cuidado su dedo en un sutil tacto con
sus delicados labios llenos del líquido los dejó, Romeo, Romeo, ¿dónde estás,
que no te veo? Romeo apareció, le dedico el ultimo poema y simplemente se
dejaron llevar, como una reacción un beso llevo a otro y a otro, y las manos de
Romeo pasearon por la espalda de Julieta, poco a poco el deseo y la excitación
se hacían protagonistas, dejando al descubierto ambos cuerpos, sumergidos en un
océano de incertidumbre, la primera vez que nunca pudo ser, tras una caricia
más, ambos desnudos caerían muertos, pasaron días hasta que se percataron de la
ausencia del putero y la lesbiana enamorados, entraron a la habitación,
lloraron sobre los cuerpos, luego lloraron un poco más y decidieron quemar sus cadáveres.
Esa noche sus cenizas hicieron el amor.
Andrés Restrepo.
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